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Cañón del Pegüis

Ubicado a unos 40 km al oeste de la ciudad fronteriza de Ojinaga. Hay dos razones por las cuales el del Pegüis no encabeza la lista de los grandes cañones chihuahuenses. Una son sus dimensiones, aproximadamente 16 km de largo por 350 m de profundidad en su parte más honda, que no compiten con los 1 000 m de profundidad de la barranca de Candameña o los cientos de kilómetros de longitud con que cuenta el sistema de las barrancas del Cobre. La otra razón es su posición geográfica fuera de la sierra Tarahumara y de los circuitos turísticos más recorridos del estado, así como de la ruta del ferrocarril Chihuahua-Pacífico. No obstante, estas razones le dan un particular encanto, a pesar de que es un cañón de menores dimensiones que los de la Sierra Madre Occidental. En algunos tramos sus paredes se separan por escasos ocho o diez metros, y apenas dejan espacio al agua del río Conchos. En pocos lugares es tan claro el término “desfiladero” como aquí.

El recorrido inicia cerca de El Álamo, pueblo en un valle entre la sierra El Pegüis, al este, y la sierra Cuchillo Parado, al oeste. El río Conchos transita ahí mansamente en medio de los matorrales.

En tres balsas inflables pueden viajar cuatro personas. Los guias te muestran cómo manipular los remos y así enfilarse a la boca del cañón, dos kilómetros río abajo.


El Conchos no es un río indómito ni aun en la parte del cañón. Desde su nacimiento, en las estribaciones de la Sierra Tarahumara, es contenido por varias presas, la última de ellas es La Boquilla, casi a 80 km detrás de donde estábamos. Su flujo actual es más o menos constante y muy pobre para atraer a los amantes del descenso de ríos.


Después de los rápidos de la boca del cañón subirás nuevamente a las balsas y avanzamos varios kilómetros más. Las paredes suben súbitamente. En cuestión de minutos dejarás atrás el llano y estarás encajonado por paredes de cien metros o más de alto. Es difícil decir si todo el cañón es obra milenaria del río, o si el agua encontró una falla en la sierra que poco a poco erosionó. La parte superior de las paredes en casi toda la barranca se ve cortada a pico.

Una de las paradas puedes caminar es en una cueva angosta en la parte media de un risco. No es muy profunda, pero tenía bastantes estalactitas, estalagmitas y pilares interiores. Una pequeña maravilla. La dificultad del ascenso se agrandaba con las abundantes plantas espinosas: nopales, lechuguillas, biznagas.

Lo inaccesible del cañón del Pegüis es un tanto engañoso, ya que corre casi paralelo a la carretera federal núm. 16, Chihuahua-Ojinaga, en la cual, por cierto, hay un punto que sirve de mirador.

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